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Resumen
(No debe darse a conocer antes del 3 de deciembre de 2002)
Los datos demográficos y económicos sobre 45 países en desarrollo en
períodos largos muestran que una alta tasa de fecundidad acrecienta
la pobreza al frenar el crecimiento económico y distorsionar la distribución
del consumo en perjuicio de los pobres.
Al posibilitar que las mujeres tengan familias más pequeñas –
reduciendo la mortalidad, aumentando la educación y mejorando
el acceso a los servicios de salud reproductiva y planificación de la
familia – se contrarrestan aquellos dos efectos. Los efectos sobre la
reducción de la pobreza en los países se ponen en evidencia a juzgar
por el aumento del producto interno bruto (PIB) medio y la variación
en el consumo.
La incidencia media de la pobreza en 1980 era del 18,8%, o aproximadamente
una de cada cinco personas. Si durante el decenio de
1980 todos los países hubieran reducido la tasa neta de fecundidad
en 5 por 1.000, como lo hicieron muchos países asiáticos, se habría
reducido la incidencia de la pobreza hasta 12,6%, o una de cada ocho
personas.
Las familias más pequeñas tienen menores gastos y mayores
oportunidades de acrecentar su ingreso y sus ahorros, lo cual conduce
a un mayor consumo. La mitad del adelanto en el crecimiento
económico atribuible a la población es resultado de aprovechar la
“oportunidad demográfica” y la otra mitad, es consecuencia de desplazar
el consumo económico hacia los pobres. Los efectos pueden
ser considerables. Por ejemplo, una disminución de 4 por 1.000 en
la tasa neta de natalidad se traduciría en el próximo decenio en
una reducción en 2,4% del número de personas que viven en la
pobreza absoluta.
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