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Resumen
(No debe darse a conocer antes del 3 de deciembre de 2002)
La mala salud es a la vez una causa y una consecuencia de la
pobreza. En los países menos adelantados, la esperanza de vida es
de sólo 49 años y uno de cada 10 niños no llega a cumplir un año.
En una encuesta realizada en 31 países, los pobres citaron con mayor
frecuencia la enfermedad entre las causas de haber caído en la
pobreza.
Se atribuye a la mala salud reproductiva un quinto de la carga
de enfermedad que pesa sobre las mujeres en los países en desarrollo
y un 40% de la carga sobre las mujeres de África al sur del Sahara.
Una de las mayores discrepancias entre ricos y pobres se registra
en cuestiones de salud reproductiva. Esto se traduce en que las
mujeres y las familias pobres tienen menores oportunidades de
liberarse de la pobreza.
Las mujeres pobres enfrentan un riesgo de muerte durante
el embarazo y el parto hasta 600 veces superior al que corren las
mujeres de países desarrollados. Una mujer pierde la vida por esas
causas cada minuto, es decir, más de medio millón de mujeres por
año. El riesgo a lo largo de toda la vida de una mujer de fallecer por
causas relacionadas con la maternidad es 1 en 19 en África, 1 en 132
Asia y 1 en 188 en América Latina, en comparación con 1 en 2.976 en
países desarrollados. El personal capacitado en atención del parto
podría reducir esos riesgos. No obstante, en el Asia meridional las
probabilidades de que los pobres utilicen esos servicios es sólo un décimo de las correspondientes a los ricos; en el Oriente Medio y
el África septentrional, menos de un sexto.
Cuanto más pobres son las mujeres, tanto más jóvenes son
cuando comienzan a procrear. En muchos países en desarrollo, las
mujeres contraen matrimonio y comienzan a tener hijos entre los
15 y los 19 años de edad. En América Latina y el Caribe, así como
en el Asia oriental y el Pacífico, los jóvenes de hogares más pobres
tienen hijos en proporciones más de cinco veces superiores a las
correspondientes a los jóvenes ricos. En las comunidades donde no
se ha aceptado plenamente la planificación de la familia y donde
las oportunidades son limitadas, la gente considera que el número
de alumbramientos y el tamaño de la familia son cuestiones invariables,
dentro de las cuales efectúan otras opciones.
Las inversiones en servicios básicos realizadas en los países en
desarrollo son una mera fracción de lo necesario. Los países de bajos
ingresos sólo gastan en servicios de salud 21 dólares por persona y
por año, y gran parte de estos recursos se destinan a costosos servicios
curativos y no a servicios básicos de prevención y atención. La
Comisión sobre Macroeconomía y Salud (Organización Mundial de
la Salud (OMS)/Banco Mundial), estimó que se necesita un importe
adicional de 30.000 millones de dólares anuales. Es preciso que se
dé prioridad a la salud reproductiva.
Sea cual fuere su nivel de ingresos, los países pueden diseñar
sus sistemas de salud de modo de mejorar el acceso de los pobres
a los servicios. Viet Nam ha reducido las diferencias entre los más
ricos y los más pobres en lo concerniente a la mayoría de los índices
de salud, incluidos los relativos a la salud reproductiva, hasta
menos de 2 a 1.
Una mejor salud, incluida la salud reproductiva, y una mejor
educación contribuyen al crecimiento económico. La mejor educación
ayuda a las mujeres a proteger su propia salud y la de sus hijos
y amplía las opciones económicas. Los ingresos más altos mejoran
las condiciones de vida, reducen la malnutrición y amortiguan los
costos de la mala salud.

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