|
Resumen
(No debe darse a conocer antes del 3 de deciembre de 2002)
El VIH/SIDA plantea una sombría amenaza al desarrollo de los
países pobres y sus efectos son más graves entre las personas pobres.
El SIDA, que cada día agrega 14.000 hombres, mujeres y niños a las
personas infectadas, es la principal causa de defunción en África al
sur del Sahara y la cuarta causa de muerte, por orden de importancia,
en todo el mundo. Hacia 2010, unos 40 millones de niños habrán
quedado huérfanos debido a la pandemia.
Las mujeres son más vulnerables al contagio y las trabajadoras
del sexo tienen muchas más probabilidades de estar infectadas que
la población en general. Pero es el comportamiento sexual de los
hombres la causa principal de propagación de la enfermedad.
La mitad de los nuevos contagios con el VIH ocurren entre
jóvenes de 15 a 24 años de edad, muchos de quienes carecen de información
o servicios de prevención y nada saben sobre la epidemia y
la manera de protegerse a sí mismos. Estudios realizados sobre siete
países africanos muestran que al menos un 40% de los jóvenes de
15 a 19 años no creían estar corriendo ningún riesgo.
El sistema de salud en África está sobrecargado; los agentes de
salud se contagian, lo cual diezma a un personal que debe enfrentar
una crisis en explosivo aumento. Los sistemas de educación también
se están desintegrando. En un reciente foro en el Camerún se planteó
que un 10% de los maestros y un 20% de los alumnos podrían contagiarse
con el VIH en los próximos cinco años.
En los países más gravemente afectados, el VIH/SIDA ya está
frenando el crecimiento económico y la actividad en la economía.
En el decenio de 1990, el SIDA redujo el crecimiento anual per cápita
en un 0,8%. Los modelos para los próximos años indican que en los
países más gravemente afectados habrá una merma de entre 1 y 2
puntos porcentuales en el crecimiento económico per cápita. Esto
significa que después de dos decenios, muchas economías se habrán
contraído entre 20% y 40% respecto del volumen que habrían tenido
sin el SIDA.
Los pobres tienen escaso acceso a servicios preventivos, provisión
de condones o cualquier forma de tratamiento. Sólo una de cada
cinco personas que corre riesgo de contagiarse con el VIH tiene
acceso a información y servicios preventivos. Menos del 5% de las
personas que los necesitan reciben medicamentos contra los retrovirus.
Las acciones contra la epidemia han quedado obstaculizadas
por la lentitud de los líderes, a todos los niveles, en reconocer y
admitir la naturaleza de la creciente crisis. Debido a la cultura
universal de silencio que rodea al comportamiento sexual, se ha
apartado la mirada y se han silenciado las voces.
Las estrategias eficaces para contrarrestar la epidemia abarcan
una combinación de tratamiento, educación y prevención. Esas
estrategias no deben limitarse a los servicios médicos y de salud,
sino que deben llegar a la comunidad; y también se necesita un
liderazgo firme y comprometido.
|