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Resumen
(No debe darse a conocer antes del 3 de deciembre de 2002)
Las inversiones en educación producen beneficios de gran alcance.
La educación femenina, aparte de empoderar a la mujer y ampliar
sus opciones, tiene una relación costo/beneficio particularmente
buena, debido a que los beneficios se transmiten a sus hijos. Las
mujeres educadas valoran la educación y tienen más probabilidades
de enviar a sus hijos a la escuela.
Aun cuando en muchos países en desarrollo ha aumentado
sustancialmente el acceso general a la educación básica durante el
último decenio, los pobres siguen siendo quienes menos probabilidades
tienen de asistir a la escuela. En muchos países, la mayoría
de los niños de los hogares más pobres no están escolarizados. Un
reciente estudio sobre 35 países del África occidental y central y
del Asia meridional indicó que en 10 países, la mitad o más de los
adolescentes de 15 a 19 años de hogares pobres nunca finalizaron
el primer grado.
Los niveles de educación entre los pobres difieren netamente
de una región a otra. En el Asia meridional y el África occidental y
central, hay una gran minoría de niños pobres que jamás se matriculan
en la escuela. En cambio, en América Latina casi todos los
niños finalizan el primer grado, pero posteriormente son altas las
tasas de abandono. En el Brasil, por ejemplo, un 92% de los adolescentes
de 15 a 19 años de hogares pobres terminan el primer grado,
pero sólo la mitad termina el quinto grado.
En casi todos los países, los niños de 6 a 14 años del 20% más
rico de los hogares tienen probabilidades marcadamente mayores
de estar matriculados en la escuela que los niños del 40% más pobre
de los hogares.
Hay pruebas de que en numerosos países en desarrollo, un gran
porcentaje del gasto público en educación sufraga acciones gubernamentales
en beneficio de los ricos. Muchos países alcanzarían la
meta de la educación primaria universal si sólo aumentaran la
matriculación de los pobres.
Si bien en el último decenio ha disminuido la “discrepancia de género” en la educación, la situación de desventaja relativa en que
se encuentran las niñas sigue privándolas de educación secundaria
en la mayoría de los países del África meridional, el África al sur
del Sahara y varias otras regiones en desarrollo. En 2000, un 31%
de las mujeres carecían de todo tipo de educación escolar, en comparación
con el 18% de los hombres.
Las inversiones en educación tienen importancia crítica para
el futuro.
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