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Pobreza y vulnerabilidad a los desastres naturales
Las ciudades son sumamente vulnerables a las crisis y los desastres naturales: escasez repentina de suministros, pesadas sobrecargas medioambientales o catástrofes de gran magnitud pueden generar súbitas emergencias graves. Las consecuencias de esas crisis se multiplican cuando la gestión y la planificación están deficientemente coordinadas.
En los últimos dos decenios, los desastres naturales se han hecho más frecuentes y más severos y han afectado a varias ciudades importantes (véase el Gráfico 7). El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) informa de que, entre 1980 y 2000, un 75% del total de la población mundial residía en zonas afectadas por desastres naturales(16). En 1999 hubo más de 700 desastres naturales de gran magnitud que causaron pérdidas económicas por valor de más de 100.000 millones de dólares y miles de víctimas. Más del 90% de las pérdidas de vidas humanas a causa de desastres naturales en todo el mundo ocurrieron en los países pobres.
Los efectos de los cambios mundiales del medio ambiente, en particular los riesgos relacionados con el clima, afectan desproporcionadamente a las personas pobres y vulnerables, a quienes viven en tugurios y asentamientos precarios ubicados en laderas empinadas, en zonas con deficientes desagües o en zonas costeras de baja altitud(17). Por ejemplo, los asentamientos marginales que se fueron acumulando durante decenios en las laderas que rodean a Caracas, Venezuela, contribuyeron a los devastadores efectos de las inundaciones repentinas y los deslizamientos de tierras ocurridos en diciembre de 1999, los cuales, según se informó, costaron 30.000 vidas y afectaron a casi medio millón de personas(18). El efecto del Huracán Katrina en Nueva Orleans (véase el Recuadro 23) muestra que tampoco los países desarrollados son inmunes a desastres en gran escala.
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DESASTRE CAUSADO POR EL HURACÁN KATRINA EN NUEVA ORLEANS(1)
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El huracán Katrina alcanzó la costa del Golfo de los Estados Unidos el 22 de agosto de 2005. Causó la muerte de más de 2.800 personas, destruyó vidas, arrasó viviendas y dejó sin techo a centenares de miles de sobrevivientes. Según se estima, 9,7 millones de residentes de los estados de Alabama, Louisiana y Mississippi se vieron afectados con mayor o menor intensidad por los vientos huracanados. El Katrina causó los mayores estragos en la ciudad de Nueva Orleáns y en la costa del estado de Mississippi, pero la devastación se extendió hasta 160 kilómetros del centro de la tormenta, a lo largo de las zonas septentrional y central de la costa del Golfo de México.
En los tres estados más afectados por la tormenta, residen en zonas costeras unos 4,9 millones de personas, alrededor de un 41% de la población total. En zonas susceptibles de inundación o que suelen inundarse viven unos 3,2 millones de personas. Los más afectados por el huracán fueron los pobres. La mayoría de los afroamericanos y las personas de edad residían en zonas inundables y corrieron mayor riesgo de muerte que los habitantes blancos no ancianos.
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Las sequías, las inundaciones y otras consecuencias del cambio climático también pueden modificar las pautas de migración entre zonas rurales y zonas urbanas o dentro de las zonas urbanas. Por ejemplo, en 1998 y 2002, las severas inundaciones en la Cuenca del Río Yangtze en China, causadas por la combinación de la variabilidad climática y los cambios en la cubierta del suelo como resultado de la actividad humana, desplazaron a millones de personas, principalmente agricultores de subsistencia y aldeanos. Pueden citarse efectos similares en la India, México y otros países pobres. Muchos de esos “refugiados medioambientales” nunca regresan a las zonas rurales de las cuales fueron desplazados.
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